El estilo
es el hombre
sin orificio, contra el orificio de la piel para su pleno
blindaje y lo pleno y el hábito pleno por debajo en sacudida
pues el hálito es el om de lo pleno
pues así son las cosas.
Los bloques, las placas, las membranas, hacen sostener un cuerpo ficticio en un gran teatro de representaciones, un juego adverso y de-sincronizado, en donde el cuerpo se hace máquina, ingiere y digiere, inhala y exhala; piensa y habla… Cuerpo organizado y devastado por maquinitas, el cuerpo bioquímico que adentra en la subjetividad en la época moderna hace de nuestro uso, revisión y diagnostico, a una maquina; los médicos pasan a tener el dominio de una técnica, técnica de reponer cuerpos, que en la Alemania nazi se llevo a la culmine de exaltación de éstas, incluso abriendo una brecha para el arte. El cuerpo se olvida y el cuerpo queda presa para cualquier biopolìtica, la consumación de esto es evidente, aun así el espacio del cuerpo, conlleva una categoría de un sí mismo en crisis, la técnica ha llevado el olvido del hombre metafísico dirá Heidegger, en la técnica, en el trabajo, se nos olvida el cuerpo y se nos olvida lo artificioso de nuestra razón; a fin de cuentas el cuerpo se transforma en un artificio metafísico, por quedar siempre fuera de esa razón técnica-productiva. Tal espacio se vuelve muchas veces el espacio de una diferencia, tratar el cuerpo, como en el erotismo o en el torturado o en una minoría [étnica] es la matriz total del único espacio propio, toda minoría cuenta tan solo con su propio cuerpo.
Hay ciertas aperturas, tajos, carne que se abre que sale a flote, se resquebraja eso que llaman alma, se disuelve en una máquina que no tiene espacio, porque su espacio ya es ficticio, ¿dónde quedo el cuerpo? Quedo ahí, ahí mismo, ahí donde no lo vemos. La organización subjetiva redujo todo el espacio corporal, la técnica productiva dispuso todas las intensidades en flujos de producción. La distribución de los órganos y sus tiempos van de acuerdo a los tiempos de producción. Aun así ya dispuestos, hay una propuesta, el CsO , un cuerpo real, de intensidades, de conexiones de intensidad, distribución maquinal 0, distribución para la improducción, zonas: de dolor, de calor…
El cuerpo sin órganos, pues, no es más que un conjunto de prácticas para lograr desprenderse del cuerpo. La estrategia supone dos fases, una para la fabricación del CsO, otra para hacer circular, pasar algo. El masoquista, por ejemplo, se ha hecho un CsO, y éste ya sólo puede estar poblado por intensidades de dolor, ondas doloríficas. “Un CsO está hecho de tal forma que sólo puede ser ocupado, poblado por intensidades. Sólo las intensidades pasan y circulan. Además, el CsO no es una escena, un lugar, ni tampoco un soporte en el que pasaría algo. Nada tiene que ver con un fantasma, nada hay que interpretar. El CsO hace pasar intensidades, las produce y las distribuye en un spatium a su vez intensivo, inextenso”
El CsO pasa a ser un proyecto, una salida de ese cuerpo atrapado en la ficción de la razón, no se vuelve más que un campo de inmanencia en donde su efectividad es leída solo como residuo, cuerpo que mata células, que defeca, que bota pelo, que es marcado; maquillado, tatuado, torturado. Espacio de intensidades.
El CsO, como campo de inmanencia del deseo, el plan de consistencia propio del deseo, se opone a la ley negativa (la carencia), a la regla extrínseca (el placer que interrumpe el deseo) y al ideal trascendente (el fantasma o la imposibilidad del deseo). Así pues, los enemigos de este cuerpo desorganizado son, antes el sacerdote, y modernamente el psicoanalista (con sus tres principios, Placer, Muerte y Realidad). Los tres grandes estratos, los que nos atan más directamente, son el organismo (organizado o... depravado), la significancia (significante-significado o... desviado) y la subjetivación (sujeto o... vagabundo). Frente a estos obstáculos para la liberación , el CsO opone la desarticulación, la experimentación (¡nada significante, no interpretéis jamás!), el nomadismo como movimiento. (http://rizomas.blogspot.com/2004/10/el-cuerpo-sin-rganos-y-la-nueva-carne.html)
El cuerpo del nómada, el cuerpo de una minoría, el cuerpo sin sentido de todo hombre, espacio de discordia, espacio de poder, espacio de intensidad, espacio en donde se juega todo y ya no se tiene cercanía así de sí nunca. Este cuerpo del CsO posee cierta performatividad barroca; opera en la plena alegoría ya que es la única lectura que podemos hacer racionalmente de éste; 1º que experimentan los drogadictos en su vidriosa y vacía consistencia y 2º en la semilla del CsO fascista como cáncer, 3º solo nos quédale proyecto del CsO; el om, volver al huevo, a la monada. Este cuerpo Barroco, residual, del margen, es el que me acude referenciar con respecto a las lecturas y trabajos de S. Sarduy. El cuerpo en Sarduy es el soporte a variadas matrices, el cuerpo en Sarduy muchas veces se vuelve central, un ejemplo de ello es cobra.
En Cobra el problema con el cuerpo es central. Es el espacio de todas las guerras Internas de el/la protagonista, en el cual el simulacro corporal es total, una performance de tono barroco es el travesti, aun así al lograr la ultima transformación y su disociación emprende una aventura hacia Europa y finaliza en oriente, en india, la india exaltada en adornos, exaltada en la superficie. La estructura donde se juega todo el relato es en la superficie, en la piel, en la exterioridad de un cuerpo que no es ese cuerpo, un simulacro en constante diferimiento. Ese diferimiento se debía a sus pies, su base, su fundamento;
Anclas planas la fijaban a la tierra: dejaban que desear los pies de Cobra, “eran su infierno”. Los encerraba en hornas desde que amanecía, les aplicaba compresas de alumbre, los castigaba con balos sucesivos de agua fría y caliente. Fabricó, para meterlos armaduras de alambre cuyos hilos acortaba, retorciéndolos con alicates; los forzó con mordazas; los sometió a mecánicas groseras; después de embadurnarlos de goma arábiga los rodeó con ligaduras: eran momias, niños de medallones florentinos. .
Es repetitiva la escena de los pies, y siempre la centralidad a toda esa superficie recae en los pies, esos pies que la técnica no es capaz de abstraer, de disolver en el imaginario, para poder hacer el traspaso, la transformación. Aun así toda la superficie se encuentra en total colapso, su transformación 1º, en pup, su doble o pequeña cobrita, como el residuo de eso que ella se quiere deshacer, materia fálica, dispersión de un no-cuerpo, otro donde el traspaso de dolor se hace.
Los ritos de preparación, para los espectáculos transforman o suplen esa carencia en la cual ese cuerpo no tiene sentido, el maquillaje pasa a ser una exaltación de la superficie y la transformación simulada, en pequeña escala de un cuerpo.
Aun así hay que comprender que este fenómeno y el ahínco con el que trabaja Sarduy la imagen del travesti se debe a una relación con la exaltación, el cuerpo como performance, en la cual todo el espectáculo se monta sobre la piel, piel que puede ser maquillada, tatuada y torturada. El travestismo es la excesividad por excelencia, excesividad de un cuerpo en la no funcionalidad; comprender el travestismo como una querer ser, es confundir ese simulacro.
Sarduy en un ensayo llamado escritura sobre el cuerpo trabaja la noción de lo hipertélico, como excesividad natural; del llegar mas allá; la mariposa que se transforma y camufla en hoja, luego en corteza rota y con musgo; sin necesidad alguna, simplemente lo hace. Bajo este principio, del se hace tan solo por darse el gusto por la excesividad; aun así hay que establecerlo en parámetros disímiles al de la ostentación, sino más bien que con un carácter de divinidad; profanación-otro-CsO.
El mimetismo borra los contornos, disuelve el cuerpo en el espacio que lo rodea, asimila, lo identifica con su soporte; la escritura corporal, al contrario, lo marca, lo señala, lo destaca como objeto cifrado, perteneciente al lenguaje y ajeno a seres y cosas. El mimetismo, fijando al animal, identificándolo con el vegetal lo rebaja en la escala de lo vivo; la escritura corporal, al contrario, al dibujar la letra muerta sobre la piel, sitúa al hombre en su cenit: el reino del símbolo.
Lacan diría no hay más que el lenguaje que no deja entrever mas que eso, simbolismos, el bosque esta lleno de signos, sin ellos no habría manera de salir; sin símbolos no hay manera de salir del propio cuerpo, la inversión no es mas que una metonimia abyecta de una salida, de esa salida que se propone con el CsO, solo que en la superficie. Quizás para completar el programa del CsO habría que recurrir a las exaltaciones hipertélicas a la exuberancia Barroca.
El cuerpo del travesti es un cuerpo Barroco, es un cuerpo inscrito, como el del mestizo o el mulato en Latinoamérica, no son más que residuos de occidente, no tienen espacio, ni lugar; tan solo sus propios cuerpos. Comprender la inscripción de sus cuerpos es comprender la transitoriedad de éstos, no ser ni lo uno ni lo otro; aun así, el travesti tiene la salida; la exaltación porque si de todo eso que no le compete, ni le interesa de su territorialidad; suprime el pudor cristiano-bastardo que heredamos todo mestizo. Instalarse en esa transitoriedad es instalarse en lo medular de la posmodernidad, de un momento a otro todos nos volvimos Barrocos sin tener herencia, pasamos a ser mercancías, residuos o objetos ahuecados llenos de significaciones sin sentido. La fragmentariedad, simultaneidad, sinsentido de las significaciones es el cliché de una época sin-época, de un momento a otro todos somos locas, y Cobra pasa a ser una especie de manual, de conversión e inversión; quizás el manual que pretenden formar Deleuze y Guattari en “mil mesetas”. La convicción de una minuta al fracaso, al colapso y a la destitución de todos los “fantasmas de la razón” que se impregnaron en las mercancías ahuecadas; “en tanto que en las cosas muere el valor de uso, las alienadas son ahuecadas y acarrean consigo, como cifras; significaciones” . Esas significaciones no son mas que inscripciones, como un tatuaje, marcas, vestigios, ruinas… se actualizan a medida que otro las lea, u hacerse otro en la lectura.
Irremediablemente se establecen vínculos, vectores fuera; toda la posmodernidad busca el afuera, el cuerpo es un espacio devastado, victima de toda biopolìtica, y ya no nos pertenece; el cuerpo del imaginario, y después olvidado en la técnica/ trabajo, es el atrapado por la política; hay quienes asumen la rendición; como P. Virilio que asume la existencia de hombres plug, terminales de cable, que no tienen más espacio que el sí mismo conectado a una máquina; para su desgracia ya es así.
La transitoriedad a nada es el primer paso de un cuerpo que no desea de si, para desear realmente, el problema del sentido y el lenguaje se establece netamente en crisis con el deseo; cualquier lectura sobre el inconsciente no es útil para tal procedimiento, ya que seguir codificando se hace tortuoso, solo hay nombres, pero sin significados, sino que puro significante emanando, la figura del travesti es eso, significante emanando de si sin correspondencias racionales ni representacionales; quizás en el exceso de su misma performatividad se entrecruzan polos, constelaciones, ruinas.
El vínculo que quiere establecer Sarduy en Cobra es la de una novela de tipo de autorrealización; y esta conlleva a la muerte de ese cuerpo y la dispersión total del yo en la excesividad de un paisaje ultra superficializado. El travesti, el tatuado, y el torturado llevan marcas que ligan instantáneamente con la muerte, como la fantasmagoría de la fotografía, su carácter mortuorio y meduzante, es evidencial. Este contacto con la muerte, el leve roce, es la vinculación- circulación de ese yo que no emana en la razón occidental, sino que emana y se disuelve en formas de comprensión orientales. La transitoriedad se establece como unión de estos polos, occidente y oriente, donde Sarduy establece un punto de apoyo a esta manera, a esta cierta técnica hipertélica de exaltar la superficie, hacer que los símbolos hablen por si mismos, que tomen la performatividad que quieran, que dejen de ser, tan solo por ser, de apostar, de deshacerse, de disolverse en la naturaleza;
Llegada la marea, de equinoccio, ciertos animales, ciliados retroceden excesivamente sobre la arena, huyen demasiado lejos hacia el interior de la tierra; cuando el mar se calma son incapaces de volver a alcanzarlo, mueren en exilio tratando en vano de regresar al agua, cada vez mas lejana, de recorrer al revés el camino que un impulso irresistible, inscrito en ellos desde su nacimiento y saturándolos con su energía, les había obligado a tomar.
La muerte como reivindicación de la exaltación, de la entrega residual de un yo liberado, superpuesto en escena, pura performatividad de un cuerpo, que en el riesgo se disuelve en todo, y se repite en las escenas incansables del desprendimiento de un dolor, la melancolía, que liga el sin sentido con la energía de liberación, sin liberarla.
Los dolores corporales son como el maquillaje, el tatuaje y la tortura, la materialización de éste solo conlleva al olvido del olvido, de eso que se intenta unificar en la transitoriedad, en el paso, el traspaso, la transformación, la mutación, la exaltación, lo hipertélico, el CsO; dolor al traspaso intervenido, ese es el lugar del cuerpo, el cuerpo dolido.
__________________________________________________________________________________
Notas.
(A. Artaud, Cartas desde Rodez)
CsO: conexión de deseos, conjunción de flujos, continuum de intensidades. Para liberar el CsO hace falta mucha prudencia: no deshacer el organismo en suicidios, en prácticas autodestructivas, sino “abrir el cuerpo a conexiones que suponen todo un agenciamiento, circuitos, conjunciones, niveles y umbrales, pasos y distribuciones de intensidad, territorios y desterritorializaciones medidas a la manera de un agrimensor” Deleuze & Guattari, Mil Mesetas , Pre-Textos, 2002, (pp. 164-5)
Deleuze & Guattari, Op. Cit. p. 158
Severo Sarduy, Cobra, Sudamericana Bs. As. 1986, pp. 29.
Severo Sarduy, Obras Completas, tomo II, Galaxia Gutenberg 1999, pp. 1299
Walter Benjamín, La dialéctica en suspenso, traducción Pablo Oyarzún, LOM, Santiago Chile.pp.130
Severo Sarduy, Op. Cit, pp1293.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario